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Caracola de mar

“Siento que tus palabras me sentencian, que me juzgan y que me apartan de ti,
pero antes de irme, tengo que saber si eso es lo que quieres decirme.
Antes de erigirme en mi defensa, antes de hablar herida o asustada,
antes de levantar esa pared de palabras, quiero saber si verdaderamente he oído.
Las palabras son ventanas o paredes, nos condenan o nos liberan.”

Ruth Bebermeyer

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El vasto hombre de larga cabellera miró de reojo hacia el claro y se detuvo en seco. Aparte de su usual atuendo de caballero, llevaba consigo una caja de roble negro macizo que había preparado para la ocasión. Con la mirada fija y el ceño fruncido observaba al joven de cabello ensortijado que se encontraba de espaldas acomodando en un cesto una serie de objetos luminosos y de vivos colores. Algunos de ellos eran de material sólido, otros eran líquidos y se encontraban en pequeños envases que distorsionaban los rayos de luz en pequeños prismas arcoiris que caían sobre el pasto húmedo. Y en medio de todos los demás objetos, allí estaba ella, brillante, pura, diáfana, la Gema de Vidblain.

El viejo hizo para sí mismo un gesto de condescendencia, forzó una amplia sonrisa y se acercó hacia él.

- Hola!! Por fin nos vemos… ¿Qué cosa es todo esto?

- Hola :) … son regalos. Los brujos amigos de Midgaard me han dado muchas cosas que podría necesitar durante mi viaje. Tengo estos perfumes de flores con reflejos verdes y morados para cuando necesite de la lluvia en los días de extremo sol. Y también estos cristales luminosos para las noches sin luna. Les he contado sobre el camino que recorreré al otro lado del río desde Iglastat para poder llegar a Idalvollr y embotellaron sus mejores deseos para poder llevarlos siempre conmigo. Ya está todo listo para partir. El viaje está cerca, solo quedan dos semanas antes de ese día y debo preparar las cosas de Vania y Alfheim, que son los que me acompañarán.

Una pequeña sombra se dibujó por un milisegundo en las pupilas del gran hombre.

- El camino es muy peligroso, existe un 15% de probabilidades de que aparezca la fatalidad. Lo sabes, ¿no? En el fuerte estamos muy preocupados por ti y por tu seguridad.

- Sr. Muspel, lo sé y agradezco de todo corazón la preocupación por mi bienestar. Ha sido usted una gran persona y me ha apoyado todos estos meses dándome consejos sobre como prepararme para el viaje. Todo eso es muy valioso y me ha dado una buena idea de lo que necesito saber.

- Y sin embargo, veo que has preferido recolectar frasquitos y juguetitos en lugar de tomar un poco más en serio todo esto - la sonrisa forzada desapareció de la cara del viejo y su mirada se cubrió de cenizas- Yo he preparado a un equipo de 30 caballeros muy experimentados para acompañarte en tu viaje. Ya hablé con todos, es más, yo mismo conduciré el camino, puedo cruzar el BiFrost por ti y no tendrás de qué preocuparte. He cruzado el BiFrost mil veces y estoy super preparado. De esta manera la preciosa Gema de Vidblain estará segura. Ella es el futuro de todos nosotros.

- De eso quería hablarle precisamente. -el joven se sentó sobre la hierba y miró a Muspel serenamente-. Todos estos meses he conversado con Vania del viaje y estamos muy seguros de cómo proceder. Hemos revisado el mapa juntos, día tras día. Yo estoy tranquilo y sereno, confío en Vania y en Alheim. Conocen el camino y me han asegurado que todo estará bien.

Ignorando el comentario anterior, el viejo miró hacia el piso con autosuficiencia, se sentó sobre la hierba y puso la caja de madera sobre sus piernas.

- Yo también te he traído un regalo -abrió la caja y extrajo un grueso libro negro de hojas amarillas. El libro tendría algo de 100 años de antigüedad, algunas de las hojas estaban ajadas por el tiempo y muchas de las esquinas estaban dobladas marcando partes importantes dentro del libro. En la primera hoja, junto a la cara anterior, había un mapa doblado dibujado a mano que señalaba el camino hacia Idalvollr. El mapa se hallaba algo oscurecido por numerosas flechas rojas a todos los lados del camino, también dibujadas a mano. Era difícil seguir el trazo de la ruta en este mapa, las flechas rojas resaltaban por encima de lo que señalaban.

- Eehmmm… gracias Sr. Muspel. Este es un libro con … recortes de noticias….y… anotaciones sobre el camino que voy a seguir, verdad? -el joven recorría las hojas del libro con los dedos rápidamente, trataba de entender el mapa y miraba los recortes con incredulidad. En efecto, lo que vio, en la mayoría de las páginas fueron recortes de periódicos sobre los peligros del camino y las muertes ocurridas en los últimos años en rutas similares.

- Así es. Un buen caminante debe siempre estar preparado para el peor escenario. Aquí hay un artículo interesante sobre las 100 formas más comunes de morir en el BiFrost. Y este otro te dice, por ejemplo, qué hacer si una bestia de Niflheim te arranca una pierna. Esto ha ocurrido en el 3% de los casos y es una posibilidad siempre presente. Obviamente en este caso habría que realizar una amputación de emergencia.Y por lo menos dos cirujanos deberían estar disponibles para poder atenderte. Otra cosa que puede pasar es que mueras congelado de forma inexplicable en medio de la noche. Para eso, mi equipo de experimentados caballeros se encargaría de llevar la Gema hacia su lugar y los otros restantes se encargarían de tu sepelio, en caso de no poder reanimarte.

- Pero… ¡el congelamiento espontáneo es mil veces más raro que la combustión espontánea y no se ha escuchado de un caso en siglos! ¿Por qué debería de preocuparme de que algo así pudiera pasarme?

- Ese es el tipo de preguntas que surgen cuando es evidente que no estás tomando todas las precauciones necesarias -sonrió el viejo. ¿Estás acaso 100% seguro, con pruebas fehacientes de que eso no pasará?

- No, pero….

- ¿Lo ves? Entonces no puedes negar de que existe la posibilidad, aún así sea remota, de que suceda. Al igual que todas las otras cosas que te estoy mostrando en el libro que yo mismo he recopilado, esto le ha pasado a otros viajeros temerarios que han recorrido el camino antes que tú. Repito, tenemos siempre que estar preparados para el peor escenario.

- Pero… si siempre estoy pensando en lo peor, entonces no tendré ni siquiera fuerzas para partir. Yo estoy consciente que hay riesgos y vamos a tratar de afrontarlos de la mejor manera, pero esto que usted me dice podría no dejarme avanzar. No tendré opción.

- ¡Pero porsupuesto que tienes opción! - la voz del viejo se tornó colorida y cadenciosa. ¡Yo y mi experimentado equipo de caballeros somos tu opción! Hemos recorrido ese camino varias veces, hemos enfrentado los peores obstáculos, tenemos 35 años en estas lides y aún seguimos activos y vigentes. Entre mis caballeros tengo a cinco experimentados cirujanos, 4 domadores de dragones, 5 especialistas en combustión y congelamiento espontáneo, 10 alpinistas y 10 arqueros. Podría ser que no necesitemos de ninguno de ellos y entonces todos estaremos felices, pero si necesitamos de alguno, allí estaremos, listos para comandar el camino y actuar nosotros mismos si es preciso.

- Mmmm, sí claro, entiendo, pero usted sabe la historia de la Gema verdad? Esta Gema está ligada a mi vida y usted sabe que soy yo quien debe llevarla a Idalvollr. Y creo que la mejor forma de hacerlo es sintiéndome emocionalmente tranquilo en el camino. Si bien es cierto creo que es muy importante estar preparados para afrontar situaciones inesperadas, no puedo estar pensando que todo va a salir mal porque energéticamente no estaré bien.

- Solo te digo una cosa, no pienses en emociones, energía o en cosas que no tienen verdadera importancia. Piensa primero en la seguridad de Ella…! Y… en tu seguridad, por supuesto - el viejo hizo una mueca de grandeza solemne.

- Definitivamente estoy pensando siempre en la seguridad de ambos. Tanto Vania como yo queremos lo mejor. Y según lo que hemos conversado, Vania y Alfheim opinan…

- ¡¡Estos últimos meses he analizado a Vania y Alfheim y estoy convencido que no tienen la experiencia suficiente para decirte nada!! - la voz de viejo retumbó como un trueno en el claro del bosque. Seguidamente se escuchó el aleteo de numerosos pajarillos que huyeron hacia otro lugar. Luego reinó el silencio… El viejo se arregló la capa, se puso de pie y sacudió la paja seca de su pantalón. Tomó el viejo libro negro en sus brazos, lo acarició como a un bebé recien nacido y lo colocó al centro de la cesta, junto a la hermosa Gema y a los frascos de colores. Miró nuevamente al joven y con voz suave le dijo:

- Piénsalo y analízalo cuidadosamente. Yo te ofrezco al mejor equipo de caballeros, incluyéndome, siempre a tu disposición. Quiero que sepas que siempre he respetado y respetaré tu decisión. Al final es TU decisión. Y yo sé que tomarás la mejor decisión. Te deseo lo mejor de lo peor que pueda ocurrir.

El viejo sonrió, cargó la caja de roble entre sus brazos y su vasta humanidad atravesó a paso adusto el claro del bosque perdiéndose entre los árboles. El joven se quedó sentado observando al viejo alejarse. Luego, posó la vista sobre su cesta llena de frascos multicolores. ¿Acaso no estaba preparando las cosas con la mejor intención del mundo? ¿Acaso no era el optimismo y el coraje una pieza clave en este tipo de aventuras? ¿Acaso no se sentía bien al hacerlo y, como le habían enseñado los sabios maestros del aire, el sentimiento de satisfacción y tranquilidad que sentía era un barómetro poderoso de la vida que le mostraba que estaba siguiendo el camino correcto? Luego, fijó su atención en su preciada Gema, recordando lo que había significado su hallazgo y la responsabilidad que llevaba desde que fue atado a la hermosa joya. Junto a ella se encontraba ahora el viejo libro negro. A pesar del radiante sol que caía sobre sus rizos dorados y de los pájaros que habían retornado al claro, el joven sintió una ráfaga de aire helado que atravesó su corazón. Con certera tristeza supo que una parte de él acababa de ser cambiada para siempre.

Las gruesas emociones de un día como hoy son las hojas amarillas de esa gran guía telefónica que se avejenta en el depósito de mis recuerdos menos gratos. Quisiera que fueran así apenas delgadas, para deshojarlas y arrugarlas de una vez por todas, para no sentirlas más en mis pestañas.

Pero no es tan fácil partirme en dos a una hora como esta. Para conservar mi transparencia, tengo que ser una en todo y todo en una. Si me desacoplo, ¿cómo me encuentro nuevamente? Sería una sombra errante y gris arrastrando los pies en el asfalto.

Pero allí está el cálido aroma de tus palabras y el sonido de tu voz que me encuentra cada vez que me disperso. Magia en el viento, memory stick en el teclado. Aventura en las estrellas. Secretos de hermana. Risas y rosas. Mil veces me he preguntado si te conocí antes, en otro milenio. Conocerte en épocas sepia debe haber sido lo mejor que me ha podido pasar desde aquella vez. Saber que navegamos juntas en estas noches oscuras me reconforta, como una cálida e intensa taza de café salvaje en un invierno limeño. Aún cuando las bocinas y las interferencias nos distraigan de vez en cuando siempre nos jalamos de las manos como dos niñas jugando a la ronda. Mis ojos de avellana sonríen al encontrar tu cara bonita. Quiero correr a enseñarte mis muñecas nuevas todos los días y que me convenzas de no agarrar a cocachos a la realidad esa que no se puede cambiar.

¿Qué bueno que es nuestro timing, verdad?

Somos dos magas eternas jugando al subibaja antes de nuestro respectivo aquelarre.

:)

Oye Ramón…!

Oye Ramón! Mira que ya te estás pasando. Te estás pasando.

Ya eres grande Ramón. El sillón que te cobija tiene brazos de cedro y cabecera de cuero. Se balancea todos los días con tu peso a cuestas. Sólo de verte en el ventanal se te respeta. ¿No crees que por eso, Ramón, ya es hora de que decidas sin envolvernos? Di lo que sea, Ramón, pero sin incluirme en tus historias de pesadillas negras. O en esas realidades que se deben lanzar a cara pelada, pero que no te atreves a apuntar ante los ojos del afectado… nooo, claro que no! … A menos que por supuesto me nombres como co-autora para disculparte “por tener que hacer tal o cual cosa” o “porque te sientes obligado por esta misión con cuerpo de oro y dientes de marfil”…

Así cualquiera, Ramón. Así cualquiera. Pero no te pases pues Ramón. Al menos ten la decencia, conciencia y esencia para afrontar tus decisiones. Justas aunque aparentemente truculentas. Es que es así pues, Ramón. Tu cara no va a ser siempre retrato de adoración, mucho menos ante el tablero de ajedrez humano que te rodea. Es imposible lograr eso. No gastes tu energía tratando de vestirte de seda…

Aún echándome la culpa fácil y rápidamente, como lo hiciste esa mañana ante los múltiplos de tu reloj digital, bajo tu capucha de color vino se descubrirá tarde o temprano la verdadera razón de todo. Y nadie puede ser ser tildado de tonto por demasiado tiempo como para ocultar la desnudez de las cosas.

Y la razón no es otra que tú mismo, Ramón. Tú, al centro de todo y de todos.

Y no te culpo por eso. Me parece coherente.

Tan solo.

Atrévete a decir que todo lo que ocurre es debido a ti y no a mi. Ramón. Oye Ramón.

Estudié 11 años de mi vida en un colegio religioso. La “Madre Directora” desde su posición jerárquica tres metros arriba de nuestras cabezas nos hacía formar en fila todos los lunes. Hacía silencio con el rostro y un par de ojos grises omnipresentes que imponían respeto. O era tal vez miedo. O quizás la proyección de un letrero rojo intermitente con las letras “Warning” debajo de un par de cejas canas que te hacía bajar la cabeza no necesariamente como signo de sumisión, mas bien como signo de evasión natural ya que nadie quería problemas. ¿Y es que acaso ella percibiría esto como tal? ¿O realmente creería que su poder de directora-ente-superior se ganaba proyectando cierta cuota de hostilidad y por eso perpetuaba la careta todos los lunes, infinitamente?. De hecho, nunca hice esta reflexión durante mi edad escolar sino hasta ahora. No tenía experiencia previa de lo complejo que significa dirigir personas y de sentirte, a su vez, parte de todas ellas. Debe ser mucho más difícil dirigir gente muy joven, que realmente no sabe lo que siente o lo que debe sentir, que cambia de opinión más rápido de lo que uno se demora en salir al recreo cuando suena el timbre y que tiene el corazón tan frágil como las dulces y solicitadísimas obleas del kiosko azul de Inca Kola-sin lugar a dudas siempre mis favoritas.

Todos siempre queremos poder, de una forma u otra. Volviendo a la época sagrada de los uniformes grises, yo creo que la directora garantizaba su poder de esta manera. Nosotras como alumnas también queríamos poder. Es por eso que torcíamos la fila y cantábamos el himno en playback a propósito. De hecho nos descubrieron el día que se rayó el cassette y se paró de golpe, nuestras bocas seguían abriéndose y cerrándose pero nadie escuchaba nada. La directora perdió su poder por un segundo cuando resonaron nuestras risas al unísono… pero lo recuperó castigándonos con una amonestación escrita que llegó a las manos de nuestros padres. Todas estábamos, empero, felices de haber logrado nuestro objetivo de hacernos sentir y de ser más, el que luego de 20 años en mi memoria puede parecer tonto, pero la verdad, nos dio identificación y poder de grupo, un poder de fuente ovejuna incalculable.

En este tira y jala de poder, no sé si existe alguien que gana o pierde al final de la batalla -o debería decir juego de mesa?. Si es algo que todos tenemos metido en la piel, es imposible ignorarlo al momento de convivir cotidianamente con profesionales-maratonistas que lo quieren todo siempre y siempre quieren más. La mayoría de personas con las que paro considera que siempre debe existir alguien que lidere un equipo, en cualquier ámbito, para que este funcione. Todos no pueden dirigirlo porque se sabotearían. Y tampoco puede permanecer acéfalo por siempre porque se desintegra. Tal vez sea por esto que el socialismo puro no funcione. Porque en realidad, todos siempre queremos tener el mando, el poder, el timón del barco en nuestras manos.

Lo abstracto no nos basta, a pesar que defendemos ideologías a capa y espada. Siempre queremos algo concreto, visual y palpable. Creemos en el amor genuino, pero necesitamos firmar papeles para asegurarnos de que tenemos el poder de decir mío o tuyo. Creemos que somos inteligentes y capaces, pero necesitamos demostrárselo a alguien más y así avanzar más y más profesionalmente.

¿Existirá algo en lo que crea fervientemente y que no necesite demostrárselo a nadie para estar segura de tener el poder sobre eso? Eventualmente creo que todo siempre se termina mostrando o demostrando, al menos con palabras.

No sé. Seguiré buscando.

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