El ventiocho es el número mágico de Sarah. Es un número feliz y redondo. Pero sobre todo es un número compañero. Tiene intrínseca en su estructura la definición de pareja. Primero un 2, no necesito explicarlo. Y luego un 8, dos círculos unidos por el centro y formando una unidad.

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Sarah y Darío se conocieron un 28. Justo el último día posible para que haya un día así todos los meses. Justo el día de culminación de toda una vida de búsqueda representada en meses y años. Ellos se vieron muchas otras veces antes, conversaron, rieron, caminaron. Pero recién se conocieron y reconocieron un 28. Desde entonces este número es su kábala.

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Hoy es 28 y Sarah va a celebrar. Desde hace casi dos lustros, Darío le recuerda a Sarah todos los veintiochos y Sarah los dibuja para que no se le escapen.

Hoy es 28 y, aún así, Darío y Sarah no se han visto. Sarah estuvo ocupada en sus mañanas y Darío estuvo construyendo sus presentes.

Pero a pesar de todo, ambos se pensaron y se tocaron. Sarah se escondió entre las cosquillas de su amado. Darío se deslizo entre los cabellos de su gacela.

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Hoy no se vieron y, sin embargo, fue veintiocho en el corazón de ambos.

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