Ayer leí una frase que me hizo pensar en círculos, que me hizo agitar las alas en espiral: “En el momento en el que más amor tenemos, y más completos nos sentimos, todos los fantasmas y conflictos no resueltos que llevamos dentro afloran, se llenan de aire y emergen a la superficie. Y entonces, parece ser que de la noche a la mañana nos volvemos infelices”.

Los fantasmas del pasado, nuestros monstruos detrás del closet, convierten nuestras estaciones en invierno. Mi espejo está bajo nieve, hace frío y me siento sola. El miedo de abandonarme resurgió como un geiser en el momento que más plena me sentía. Creí que lo tenía todo y un segundo después mis latidos se esfumaron en la nada. Todo se quebró, se volvió de cartón, pintado por un lado y por el otro no, mis temores más profundos hicieron que Darío se volviera irreal y tuve miedo de haber soñado todo lo que viví.

Y es que así es el Invierno del espíritu, dicen los que todo lo saben. Que los sabores amargos resurgen y las heridas se reabren para sanar, definitivamente, en el momento en que somos más fuertes, porque en el fondo, nuestro sabio instinto presiente que este es el momento para triunfar.

Y para curarme, necesito volver a confiar. A creer que lo que sueño es posible. Hoy en la fragilidad de mis estaciones, de mis canciones entre sol y nieve, volví a percibir que luego del invierno llega la primavera. Y siento que las cosas son reales nuevamente, al menos en parte, porque las palabras de Darío hablaron como él tras el teléfono.

Y cuando quise subir la primera imagen a wordpress me dijeron: “Sorry, uploads are disabled while we are working on the files servers. Have a cup of tea and then try again.” Parece que es invierno por acá también

Esperaré el deshielo con mi corazón calentando mis manos vacías y luego saldré a caminar.
       

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