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Tú que me conoces… o que empiezas a conocerme, sabes que no suelo ser yo la primera en hablar. Que casi ni te miro y finjo que no estás o siquiera que existes. Necesito tomar confianza para decirte lo que pasa, para mostrarte mis reflejos. Puedes pensar que soy rara a veces, que no hago conexión con nadie… pero, sabes? lo que pasa es que estoy en esos días (o noches) en que quiero encontrarme conmigo misma, en que quiero pensar miles de cosas al mismo tiempo. O tal vez no quiero pensar. Tal vez sólo quiero poner mi mente en blanco y sentir el sabor de la nada, el sonido del vacío, el placer de lo infinito…

Ves? No es tan malo del todo…. yo se que tú también haces eso cuando estás solo, cuando nadie te ve. El asunto es que yo lo hago muchas veces cuando hay gente a mi alrededor, entonces puedo parecer antisocial o tímida hasta el tuétano. Pero déjame decirte que es agotador estar pensando todo el día en lo que el mundo quiere que pienses para decir lo que el mundo quiere que digas y que culmines el trabajo que debes hacer porque así es, esa es la vida. Por eso, sólo por eso, en esos momentos de relax donde siento cada músculo de mi cuerpo sincronizándose al ritmo del baile o coordinando sus movimientos, quiero estar sola aunque esté acompañada. Aunque tú estés a mi lado, quiero hacer lo que me plazca, quiero viajar donde mi mente quiera llevarme esa mañana. Quiero mimetizarme con la pared, las puertas y el reloj. Quiero entregarme a la música. Perdona si no estás en mi misma sintonía hoy. Disculpa si no estás en mi sintonía nunca.

Pero yo soy así. Soy constante y a la vez camaleónica. Es por eso que puedes verme hablando con alguien más, riendo y tal vez compartiendo anécdotas propias de cada uno. Puedo ser totalmente gregaria o esconderme bajo las faldas de la soledad. Y no es que esté triste o contenta. Sólo soy como soy. Siempre soy como soy. No trato de agradarle a la gente, pero si te agrado a ti… en buena hora! ¿Sabes? No hay reglas para ser uno mismo, al menos no cuando estás à l’aise. En mi trabajo soy lo que quieren que sea, un maniquí de esos que estás acostumbrado a ver. Me gusta mi trabajo, no lo niego, pero me agota adoptar las poses corporativas. Por eso me ves así en las mañanas, tratando de liberarme del embrujo de la rutina. Entiéndeme, ¡estoy siendo yo misma!

Así que no te asustes conmigo. No temas. Si me hablas voy a contestarte. Y lo haré cordialmente, con una sonrisa. Y si te miro y te saludo o te sonrío no malinterpretes mi sonrisa. ¡Por favor, quítate de la mente los prejuicios! Si te sonrío, es porque quiero ser cortés contigo. Me caes bien. Podemos ser amigos y conversar. Si logras sacarme de mi mundo entonces es porque realmente me interesa compartir estas líneas contigo.

No hay nada más de mi que pueda mostrarte. Ahora lo sabes todo.

Gracias por tu paciencia!

La chica de al lado.

 

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