Y entonces empezó la danza. Todo se llenó de música en el calor de su hogar. Había escuchado aquella voz familiar todos los días desde el principio de su fugaz paso por esta estancia. La emoción la invadía por traspasar las finas barreras que la separaban del óleo que se había creado para ella pero tenía miedo. En verdad, sentía terror.

Por momentos aparecía el eco de su corazón amplificado. Entonces se le movía el mundo. Entonces se agitaba el mar.

Había empezado la tempestad y por un segundo quiso retroceder. Pero ella había iniciado este viaje sola y tenía que terminarlo. Su corazón le decía que era la hora. El tiempo era perfecto. Tuvo ganas de llorar y se sintió perdida. Gritó y su hermosa voz se quedó en el infinito. Se le apagaba el mundo unos instantes … y allí estaba el horizonte otra vez.

Las olas eran más grandes y amenazadoras pero no podrían con ella. Esta vez el destino se había inscrito en la palma de su mano. La suerte estaba de su lado.

Fue entonces cuando sin saberlo se volvió sirena y nadó hasta la línea divisoria del cielo con el mar. Las estrellas se hacían cada vez más grandes. El final del viaje estaba cerca.

Ante la luz inminente, cerró sus ojos bellísimos, grandes como la luna y se abrazó a sí misma. El alma se le salía por los poros pero no podía volver atrás. Por eso encogió sus brazos y sus piernas, atrapó una vez más al corazón que se le iba y lo dejó en su mismo centro.

Y cayó a través del sol cambiando sus alas por cuentos y canciones.

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De tanto latir a mil, su corazón se había vuelto grande, caliente y rojo como las brasas… Sintió esa voz conocida de otras tierras lejanas, de otro milenio. Sintió su aroma desnudo y la fuerza de dos ojos eternos, grandes como la luna, que la miraban y la atarían para siempre.

Felicitaciones a ambos… es una niñita!!.

Entonces despertó de su sueño, de aquel viaje fantástico que nunca recordaría.

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