Recordando aquella hermosa canción de Mercedes Sosa  me crucé con una amiga marina y al adoptarla le puse el nombre de la protagonista. Conocí a Alfonsina en uno de mis viajes y escapadas lejos del hogar entre Vancouver y Victoria. Mis ojos sorprendidos se toparon con ella. Fue el lente de una amiga el que me ayudó a perpetuar su imagen en este espejo.

Alfonsina es real y existe. No sé si mis ojos puedan volver a encontrarme con ella en la inmensidad del mar. Si así fuera, seguro la veré “rodeada de sirenitas y habitantes del agua, entre vestidos de algas y de coral…” No se le veía tan sola como en la canción. Pero la Alfonsina de la canción es hermosa… y ésta también lo era.

Si mi barca vuelve, Alfonsina, ven conmigo como aquella vez. Acompáñame en mi sendero, guíame por donde la luz se quiebra, en esos espacios negros y fríos…

Pero nunca,“no les digas nunca que estoy, di que me he ido”.

Alfonsina

      

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