Los aeropuertos son como una puerta abierta a futuros inciertos. Dicen que lo importante de un viaje no es el destino sino el viaje mismo. Yo estoy de acuerdo. Un viaje es como un pasaporte a historias y vivencias nuevas en lugares extraños lejos de tu alcance.
Las historias de aeropuerto son coloridas y cargadas. Son historias breves que se crean en el espacio que existe entre las miradas, los besos, los abrazos y las lágrimas. Lágrimas azules y amarillas. Todas mezcladas bajo el dintel de una puerta de embarque.
Me gustan los aeropuertos y sus historias, sus promesas de aventuras sin fin. Los aeropuertos me llenan de expectativa, pero mi alma se tiñe de nostalgia cuando tú no estás. El calor de tus abrazos, tu olor, tu color bajo el sol. Lástima que no estés conmigo bajo este techo tachonado de cosas nuevas.

Me gustan los aeropuertos con sus luces en la noche y el ruido de los motores que llevan sueños hacia el cielo.

Me gustan los aeropuertos y sus pinturas de carne y hueso.

Pero te extraño mucho en la puerta de embarque cuando no estás conmigo.

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