El vuelo prometido se retrasó una hora. Pero llegó en el tiempo previsto junto con el maná del desierto. El avión literalmente “voló” hacia su destino en esa parte del tiempo ahora aplastada entre el pasado y el presente.

Buena suerte para mi porque sino perdía el segundo vuelo marcado con tinta oscura en el pase de cartón.

El avión hizo un hoyo entre las nubes invadiendo la blanca paz sin sombras; fue directo, plateado y gris sobre las luces y las olas.

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Felizmente no hay paradas de airbus sobre los cirros ni combis aéreas asesinas visibles en el horizonte.

Llegaríamos retrasados siempre.

O tal vez no llegaríamos nunca.

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