Tus secretos son apéndices invisibles en tu piel. Son sólo tuyos y de nadie más. Sólo tú los creas, los pintas, les das cuerpo y alma.
Sólo tú los ves como son y descansas bajo la sombra que proyectan. Están llenos de figuras y paisajes, de personas y personajes. Tienen su propio ruido mudo.

Tus secretos no son míos y no puedo verlos o sentirlos como tú. Yo no puedo oir su barullo, ver su hermosura o sentir repulsión por su fealdad.
Sus cuchicheos no empañan mis ventanas ni me abren puertas oscuras y prohibidas

Si son secretos los que tú tienes y quieres que lo sigan siendo no me los digas. Las verdades y mentiras que estos encierran se guardan de a uno y no de a dos.
Si me los dices serán recuerdos creados por mi mente; al fin y al cabo, vivencias compartidas entre tú y yo.

No me molesto si no me dices tus secretos. Está bien. Yo tengo millones de secretos bajo mis párpados, entre las comisuras de mis labios, bajo el pulpejo de cada uno de mis dedos.
Tienen cerraduras eternas y he perdido las llaves. Los murmullos han sido callados, lo estarán para siempre.

Descuida amor, yo no tengo secretos contigo.

Ninguno de ellos es contigo.

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