Querido Ícaro,

Hoy se me fue la libertad. Aunque la verdad no estoy segura si es la libertad, disfrazada de adicción, la que mueve estas letras que te regalo.
Cuando aún estaba en el colegio, recuerdo que florecieron unos días en los que era una necesidad imperiosa escribir luego de cada jornada, llegando a mi casa. No podía esperar más la hora de llegar a mi casa vacía, con el uniforme plomo desordenado, los tirantes de la falda colgando a los lados y las medias caídas a golpe de las 4 de la tarde y sentarme frente a la mesa redonda para empezar a dar rienda suelta a mi imaginación.

Entonces no podía pensar en otra cosa que en escribir floridos poemas y algunos cuentos cortos. Era una necesidad primaria para mi, como comer o dormir. Una vez completa la creación me sentía eufórica, fresca y lozana como antes. Lo mismo deben sentir los adictos a sustancias alucinógenas, porque pasaba un tiempo sin escribir y volvía a sentir la misma ansiedad de pintar con palabras, como yo lo describía en ese entonces.

Y pintar con palabras es todo un arte, Ícaro. Es como el trabajo del alfarero. Cada vez más profundo, más difícil. Debes buscar la forma y el punto perfecto en el cual dejar de amasar, el punto en el que tu obra está exactamente como debe estar, ni más ni menos. Y así como él, cuanto más formas y volúmenes moldeas, más tiempo te toma el terminar los siguientes. Es así Ícaro, es innato en nosotros los seres humanos porque cada vez quieres perfeccionarte más… Mi mejor poema, por ejemplo, fue bastante corto, y me demoró 14 días escribirlo. Lo empecé un 14 de febrero, regresando sola a mi casa en la noche, mirando sin mirar a través de la ventana posterior del omnibus las miles de luces de la mar de autos que nos seguía. Me sentía triste, resignada a perder. A veces pienso que no puedes ser eutímica para escribir, tienes que ser algo depresiva o al menos tener distimias. ¿De qué otro modo puedes experimentar el placer de la alegría floreciendo nuevamente en tu piel si no la pierdes de vez en cuando y el agridulce sabor de la tristeza a medida que oscurece tus ojos? De ninguna manera. Tienes que vivir ambas intensamente, sentir a profundidad el resto del mundo en ambas situaciones extremas para poder plasmarlos y descubrir su belleza. Porque hasta la tristeza es bella, Ícaro. Delgada y toda vestida de blanco humo, como las paredes de la casa que tú conoces, fría, de dedos finos y largos, cabello negro infinito, figura descalza…

Bueno, querido amigo, yo sigo sintiendo la misma inquietud de hace algunos años, la misma necesidad vital de escribir. Una de esas tardes pueblerinas leí que la pasión por escribir era semejante a la necesidad de atacar que sentía un escorpión ponzoñoso. Este necesita, cada cierto tiempo, descargar su veneno para poder continuar su vida. Los escritores y poetas, amateurs o profesionales, tienen la misma necesidad. Para ellos, la virtud de escribir es una forma de descargar las emociones que los invaden, es dejar de morir para empezar a vivir.

Y yo quiero vivir. Siempre deseo vivir.

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(¿Quien es Ícaro?)

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