Nuestros nombres no siempre reflejan lo voluminoso de nuestras historias.

A veces pienso que deberíamos poder escoger nuestro nombre varias veces en la vida; de seguro iría cambiando indefinidamente según las batallas que vayamos ganando y los zapatos que vayamos perdiendo.

Al amanecer de nuestro mundo, se nos impone un nombre con mucho sentido para terceros. Tal vez por su armoniosa resonancia (usualmente el primer y segundo nombre combinan)o por rendir tributo a alguien más, ya venimos etiquetados antes de poder opinar. Muchos de estos nombres llevan deseos ocultos engastados en sus sílabas: belleza, sabiduría, fuerza, entereza….todo lo que un adulto hecho y derecho desearía portar en la propia piel. El problema de esto es que el título impuesto no siempre acierta…Los padres nos pintan un rostro que aún no conocen, nos dan cualidades que aún no son nuestras….y que tal vez nunca las sean…

Los nicknames, en cambio, son nombres más reales de los que aparecen impresos en un carnet de identidad. Estos se crean y se escogen siempre por algo, por las razones que sean. Nos identifican. Nos dan color, voz, vida. Nos dan libertad y la posibilidad de crear alianzas sinceras, porque nos muestran tal y como somos, sin clichés ni prejuicios alrededor. No pagamos impuestos por ellos, nadie espera que lo hagas,… y te brindan un suelo tibio para los que gustan de andar descalzos sobre la lluvia nueva…

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