Mujer marioneta

Querida Camucha,

¿Cómo has estado? Ha pasado ya algún tiempo desde que nos vimos, espero la verdad que no por última vez. Son más cosas buenas que malas las que hemos compartido, por eso mismo creo que aun nos merecemos algún espacio sincero…aunque hoy por hoy ese sentimiento parece haberse rodado y perdido bajo algún mueble de esta habitación de hotel….

¿Te acuerdas de aquellas mañanas compartidas hace 10 años atrás? ¿De como podíamos reirnos de las cosas ordinarias y afrontar los problemas como jugando al “yan-ken-pó”? Fueron tiempos buenos, días de colores. Era primavera para el amor y la amistad, para secretos y aventuras en islas bonitas…

Siempre admiré esa capacidad tuya para ver las cosas por su lado blanco e infantil, para ver las hadas escondidas entre las hojas secas del otoño…. eso siempre ocasionaba la creación de cierto tipo de bromas pesadas por parte de nuestros compañeros, pero siempre defendí tus tiernas particularidades sacadas de alguna tierra lúdica…pensar en ellas era como agregarle un terrón de azúcar al café de la vida cuando ésta se aparecía más negra y más amarga.

¿Qué nos pasó, Camucha? Hasta hace poco nos jalábamos las manos para poder pasar los baches. Nuestra inercia era suficiente para hacernos compañía, para apoyarnos sobre nuestros hombros univitelinos…¡Cuantos secretos nos sabíamos la una de la otra…! Parecía que nuestros relojes siempre coordinaban, no importaba el meridiano, el teléfono siempre sonaba a la hora apropiada…

Un día mutante, noté que el tic-tac de tu reloj sonaba a otro ritmo. A ti te parecía que estaba bien.. por eso empecé a sincronizar el mío. Hice eso muchas veces cuando caminábamos juntas, aunque en el fondo mi querida Camucha, tú sabías que eso no estaba del todo correcto. Te lo dije, no me digas que no lo hice. Las hermanas de alma siempre se dicen las cosas.

 A veces sentía que me alejabas de nuestros amigos, yo siempre pensaba en ti para pasarla bien en los tiempos de juerga, siempre te avisaba….pero a ti “se te olvidaba” y a mi me parecía viable, ok, podía suceder. Ahora me pregunto, ¿cómo podías ser tan despistada? Eso ocurre con conocidos pero no con best-friends… entonces….

¿Fue allí, dime? ¿Fue en ese momento cuando empezaste a coserme imperceptiblemente los hilos en el vestido, en las manos y en los pies?

Las cosas empeoraron en las últimas miles de horas. Sentí que me buscabas por lo que podía darte y no por la compañía. Pero bueno, si puedo ayudarte, por qué no, verdad? Para eso son los amigos…. pensaba yo…. ingenuamente. Pero ese día, luego de conseguir que te hiciera un favor más, ese día que me sentí terriblemente triste por lo que pasaba paralelamente….. preferiste ir por tu rumbo antes de esperar 10 minutos para que yo pudiera acompañarte. Fue curioso, Camucha, porque unos segundos antes le había comentado a Darío que no me sentiría tan sola porque pasaría el día contigo… ¡Qué ironía!…..

Creo que ese día me cansé de todo, me cansé de jalar la cuerda, de poner velos, de crear disculpas. Ese día decidí poner a prueba nuestra historia, decidí cortar los hilos sin que lo notes y demostrarte que mi espacio también es importante.

Ahora ya no quiero llamarte, no quiero hablarte, me he sentido como prestadora de servicios sin paga, como burro de carga a tu lado últimamente. No quiero caminar con alguien que piense que mi presencia es “conveniente”. Nunca me ha gustado alardear de lo poco que he logrado, soy alguien que guarda el perfil bastante bajo con respecto a esas cosas….. Por eso mismo, me gusta mucho menos que me busquen por eso mundano que pueda poseer y que para mi, no tiene ni la vigésima parte del valor de todo lo que hemos vivido juntas. ¡Qué pena amiga mía!

Tal vez pensaste que por haberme abierto la puerta que me permitió llegar a donde estoy te debía mi vida para siempre….y es que me he sentido así, como una deudora eterna de algo que aún no entiendo, ya ni me consultas si puedo o no puedo hacer algo, simplemente “necesitas que lo haga” y punto. (¡¡¡???) No sabes lo agradecida que siempre estaré por aquella ayuda brindada en el momento preciso, Camucha, pero la verdad pensé, así como yo sentí con las cosas que te brindé las semanas pasadas, que lo hacías desinteresadamente, por todo ese cariño acumulado a lo largo de los años…. Tal vez sí lo hiciste por eso en ese momento, pero ahora se te ha retorcido el recuerdo y por un momento (quiero pensar eso) te has convertido en quien no eres…

Eres libre de buscarme cuando quieras Camu. Y si me pides algo más que no podré darte, ya no tengo temor que hagas el berrinche del siglo y me quites el habla temporalmente….igual no conseguirás nada, alguien tenía que enseñarte….. sólo que me duele tener que ser yo la que te muestre que esa no es manera de tratar a nadie y que las cosas no se consiguen porque uno se encapriche. Al mundo no le importan las pataletas ni las excusas. A mi solían importarme tus cosas…. pero estás consiguiendo que me olvide de ellas con cada vaso de agua que tomo en las mañanas…

Dejando de lado esta catarsis, ojalá que la próxima vez que el teléfono suene y seas tú, sea para saber como estoy. Yo siempre querré saber eso de ti, estés bien o mal, tengas algo que contar o no.

Y si no, si todavía las llamadas son por un propósito, entonces mejor cuelga o mándame un mensaje telepático para no contestar el teléfono. Sé que en algún momento, espero no muy lejano, cuando las cosas te vayan mejor de lo que están ahora, todo volverá a la normalidad.

Te deseo mucha suerte y cuidado con los cocodrilos.

Con cariño,

 Sarah

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