Y de repente la luz va besando las cortinas, empapándolas de su blancura, traspasándolas …. para finalmente envolvernos en el nuevo día que acaba de llegar. Los despertadores madrugadores no sirven para predecir la llegada de la luz, pero sí para sacarnos del sueño individual, darnos cuenta que estamos juntos y entonces abrazarnos y sentirnos uno entre sueños cuando aún la noche nos acoge.

Nunca pensé que sería tan lindo decir “no quiero ir a trabajar” en las mañanas, hasta que descubrí que eso significa “prefiero quedarme contigo”.

A veces me parece increíble verte dormido a mi lado, no porque crea que no lo merezcamos. Yo creo que nos lo merecemos todo. Es porque son esos “a veces” que busca mi mente todos los días para maravillarse por lo bueno que me sucede en cada segundo, por la felicidad multicolor que se enmaraña en mi cabello y que olvido de reconocer cuando cruzo calles negras.

Tú eres parte de eso y de todo. Tu eres el punto de partida del círculo infinito de mis porqués y paraqués. Gracias por todo esto y por lo demás que está por venir.

Y te agradezco también por sostener mi barca a la orilla de ese nuestro mar infinito para que pueda subir y así partir juntos nuevamente a otra de esas insondables aventuras que solemos vivir tú y yo todos los días de nuestra vida.

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