Category: Caleidoscopio


Oye Ramón…!

Oye Ramón! Mira que ya te estás pasando. Te estás pasando.

Ya eres grande Ramón. El sillón que te cobija tiene brazos de cedro y cabecera de cuero. Se balancea todos los días con tu peso a cuestas. Sólo de verte en el ventanal se te respeta. ¿No crees que por eso, Ramón, ya es hora de que decidas sin envolvernos? Di lo que sea, Ramón, pero sin incluirme en tus historias de pesadillas negras. O en esas realidades que se deben lanzar a cara pelada, pero que no te atreves a apuntar ante los ojos del afectado… nooo, claro que no! … A menos que por supuesto me nombres como co-autora para disculparte “por tener que hacer tal o cual cosa” o “porque te sientes obligado por esta misión con cuerpo de oro y dientes de marfil”…

Así cualquiera, Ramón. Así cualquiera. Pero no te pases pues Ramón. Al menos ten la decencia, conciencia y esencia para afrontar tus decisiones. Justas aunque aparentemente truculentas. Es que es así pues, Ramón. Tu cara no va a ser siempre retrato de adoración, mucho menos ante el tablero de ajedrez humano que te rodea. Es imposible lograr eso. No gastes tu energía tratando de vestirte de seda…

Aún echándome la culpa fácil y rápidamente, como lo hiciste esa mañana ante los múltiplos de tu reloj digital, bajo tu capucha de color vino se descubrirá tarde o temprano la verdadera razón de todo. Y nadie puede ser ser tildado de tonto por demasiado tiempo como para ocultar la desnudez de las cosas.

Y la razón no es otra que tú mismo, Ramón. Tú, al centro de todo y de todos.

Y no te culpo por eso. Me parece coherente.

Tan solo.

Atrévete a decir que todo lo que ocurre es debido a ti y no a mi. Ramón. Oye Ramón.

Estudié 11 años de mi vida en un colegio religioso. La “Madre Directora” desde su posición jerárquica tres metros arriba de nuestras cabezas nos hacía formar en fila todos los lunes. Hacía silencio con el rostro y un par de ojos grises omnipresentes que imponían respeto. O era tal vez miedo. O quizás la proyección de un letrero rojo intermitente con las letras “Warning” debajo de un par de cejas canas que te hacía bajar la cabeza no necesariamente como signo de sumisión, mas bien como signo de evasión natural ya que nadie quería problemas. ¿Y es que acaso ella percibiría esto como tal? ¿O realmente creería que su poder de directora-ente-superior se ganaba proyectando cierta cuota de hostilidad y por eso perpetuaba la careta todos los lunes, infinitamente?. De hecho, nunca hice esta reflexión durante mi edad escolar sino hasta ahora. No tenía experiencia previa de lo complejo que significa dirigir personas y de sentirte, a su vez, parte de todas ellas. Debe ser mucho más difícil dirigir gente muy joven, que realmente no sabe lo que siente o lo que debe sentir, que cambia de opinión más rápido de lo que uno se demora en salir al recreo cuando suena el timbre y que tiene el corazón tan frágil como las dulces y solicitadísimas obleas del kiosko azul de Inca Kola-sin lugar a dudas siempre mis favoritas.

Todos siempre queremos poder, de una forma u otra. Volviendo a la época sagrada de los uniformes grises, yo creo que la directora garantizaba su poder de esta manera. Nosotras como alumnas también queríamos poder. Es por eso que torcíamos la fila y cantábamos el himno en playback a propósito. De hecho nos descubrieron el día que se rayó el cassette y se paró de golpe, nuestras bocas seguían abriéndose y cerrándose pero nadie escuchaba nada. La directora perdió su poder por un segundo cuando resonaron nuestras risas al unísono… pero lo recuperó castigándonos con una amonestación escrita que llegó a las manos de nuestros padres. Todas estábamos, empero, felices de haber logrado nuestro objetivo de hacernos sentir y de ser más, el que luego de 20 años en mi memoria puede parecer tonto, pero la verdad, nos dio identificación y poder de grupo, un poder de fuente ovejuna incalculable.

En este tira y jala de poder, no sé si existe alguien que gana o pierde al final de la batalla -o debería decir juego de mesa?. Si es algo que todos tenemos metido en la piel, es imposible ignorarlo al momento de convivir cotidianamente con profesionales-maratonistas que lo quieren todo siempre y siempre quieren más. La mayoría de personas con las que paro considera que siempre debe existir alguien que lidere un equipo, en cualquier ámbito, para que este funcione. Todos no pueden dirigirlo porque se sabotearían. Y tampoco puede permanecer acéfalo por siempre porque se desintegra. Tal vez sea por esto que el socialismo puro no funcione. Porque en realidad, todos siempre queremos tener el mando, el poder, el timón del barco en nuestras manos.

Lo abstracto no nos basta, a pesar que defendemos ideologías a capa y espada. Siempre queremos algo concreto, visual y palpable. Creemos en el amor genuino, pero necesitamos firmar papeles para asegurarnos de que tenemos el poder de decir mío o tuyo. Creemos que somos inteligentes y capaces, pero necesitamos demostrárselo a alguien más y así avanzar más y más profesionalmente.

¿Existirá algo en lo que crea fervientemente y que no necesite demostrárselo a nadie para estar segura de tener el poder sobre eso? Eventualmente creo que todo siempre se termina mostrando o demostrando, al menos con palabras.

No sé. Seguiré buscando.

No me cambies

romantic-loveRomantic Love, Claudia Moya – Madrid, España

Los grandes acontecimientos de nuestras vidas se marcan para celebrarlos. Algunas veces también se hace para honrar al pasado; y en otras, para desear el futuro.

No obstante, en muchas ocasiones, estos momentos vienen “predeterminados” por la fábrica de videojuegos de la humanidad con el subtitulo tácito de “cambio”, con la promesa de una metamorfosis hacia un nuevo estado imaginario en la primera sesión de juego.

Son limites intangibles, pero muy reales para aquellos que están en ese momento parados tambaleándose en la interfase. Y esta línea divisoria es a veces demasiado delgadita… 

Creo que nada de lo que suceda es demasiado real o irreal a menos que uno lo quiera sentir así.  En mi caso, casi todas las veces, precisamente en aquellos “grandes momentos” donde siento una angustia terrible por saber y no querer saber lo que vendrá, no pasa ni un blink y ya estoy del otro lado y ni siquiera me había dado cuenta. Siempre es más fácil de lo que creía y siempre me siento la misma.

Yo siempre sere la misma, así cambien los días, las noches, las casas, las ventanas, los países, las carreras, las familias, los estados civiles. Eso de que de un dia para otro tienes que empezar a actuar de tal forma porque “ahora ya eres xxxxx” y “las xxxxx se comportan así y asá” no va conmigo. 

Yo no cambio según el calendario de la vida que se nos impone. Los cambios son bienvenidos cuando siento que es necesario hacerlo. Y siempre son sólo algunas partecitas de mi las que cambian, por suerte nunca del todo.

La vida es realmente irónica. He pensado muchas veces que hay alguien que se divierte allá Arriba de estas cosas… sobre todo porque situaciones aparentemente no relacionadas se entrecruzan en un punto determinado y hacen que algo “inocente” se vuelva catastróficamente ofensivo… o jocoso… depende a quien le caiga.

Escuchado en un ascensor de un hotel americano subiendo hacia mi habitación por la noche hace un par de días…

[dentro del ascensor se encontraban los siguientes personajes: una mujer de mediana edad sumamente “talkative”, una niña de aprox. 4 años, el padre, la madre (no muy bien de salud) y esta su humilde servidora]

  • Mujer talkative a padres de niñita: Where are you from?
  • Padre de niñita: South Carolina, a long way from home, uh?
  • Mujer talkative: Oh, yes! (luego, mirando a la niñita).. OMG, she’s sooo pretty..!
  • Padre de niñita, sonriendo: Oh, yes, she is our angel..
  • Mujer talkative: She is absolutely perfect! Look at that hair!! She will be a top model…!
  • Padre y madre de niñita: Thank you!
  • Mujer talkative: Next contestant to Miss Teen USA, for sure…!
  • Padre y madre de niñita, extasiados: Oh, thank you so much…!

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Ok…. I personally believe that.. esos padres nunca vieron esto que me pasaron esa misma tarde unos amigos por correo electrónico. Probablemente nunca vieron el concurso meses atrás, y quiero pensar que miss talkative tampoco…

Moraleja: Cuidado con el límite para los alagos… watch out!

P.S. 1: Es obvio que la niña del video fue traicionada por los nervios, pero no pude evitar la carcajada al comparar esto con la historia del ascensor.

P.S.2: Miss South Carolina quedó cuarta en el certamen… o_O

No name

Nuestros nombres no siempre reflejan lo voluminoso de nuestras historias.

A veces pienso que deberíamos poder escoger nuestro nombre varias veces en la vida; de seguro iría cambiando indefinidamente según las batallas que vayamos ganando y los zapatos que vayamos perdiendo.

Al amanecer de nuestro mundo, se nos impone un nombre con mucho sentido para terceros. Tal vez por su armoniosa resonancia (usualmente el primer y segundo nombre combinan)o por rendir tributo a alguien más, ya venimos etiquetados antes de poder opinar. Muchos de estos nombres llevan deseos ocultos engastados en sus sílabas: belleza, sabiduría, fuerza, entereza….todo lo que un adulto hecho y derecho desearía portar en la propia piel. El problema de esto es que el título impuesto no siempre acierta…Los padres nos pintan un rostro que aún no conocen, nos dan cualidades que aún no son nuestras….y que tal vez nunca las sean…

Los nicknames, en cambio, son nombres más reales de los que aparecen impresos en un carnet de identidad. Estos se crean y se escogen siempre por algo, por las razones que sean. Nos identifican. Nos dan color, voz, vida. Nos dan libertad y la posibilidad de crear alianzas sinceras, porque nos muestran tal y como somos, sin clichés ni prejuicios alrededor. No pagamos impuestos por ellos, nadie espera que lo hagas,… y te brindan un suelo tibio para los que gustan de andar descalzos sobre la lluvia nueva…

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