Category: Lazos en el Espejo


Las gruesas emociones de un día como hoy son las hojas amarillas de esa gran guía telefónica que se avejenta en el depósito de mis recuerdos menos gratos. Quisiera que fueran así apenas delgadas, para deshojarlas y arrugarlas de una vez por todas, para no sentirlas más en mis pestañas.

Pero no es tan fácil partirme en dos a una hora como esta. Para conservar mi transparencia, tengo que ser una en todo y todo en una. Si me desacoplo, ¿cómo me encuentro nuevamente? Sería una sombra errante y gris arrastrando los pies en el asfalto.

Pero allí está el cálido aroma de tus palabras y el sonido de tu voz que me encuentra cada vez que me disperso. Magia en el viento, memory stick en el teclado. Aventura en las estrellas. Secretos de hermana. Risas y rosas. Mil veces me he preguntado si te conocí antes, en otro milenio. Conocerte en épocas sepia debe haber sido lo mejor que me ha podido pasar desde aquella vez. Saber que navegamos juntas en estas noches oscuras me reconforta, como una cálida e intensa taza de café salvaje en un invierno limeño. Aún cuando las bocinas y las interferencias nos distraigan de vez en cuando siempre nos jalamos de las manos como dos niñas jugando a la ronda. Mis ojos de avellana sonríen al encontrar tu cara bonita. Quiero correr a enseñarte mis muñecas nuevas todos los días y que me convenzas de no agarrar a cocachos a la realidad esa que no se puede cambiar.

¿Qué bueno que es nuestro timing, verdad?

Somos dos magas eternas jugando al subibaja antes de nuestro respectivo aquelarre.

🙂

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Part away, Farewell

partida

Cuando las personas se van queda siempre un vacío que nunca será llenado por nadie más que por ellas. Aun así regresaran, el espacio no calzará más en sus siluetas. El momento se habrá perdido irremediablemente en el tiempo. Porque así como ellas se movieron hacia otros horizontes, las personas que se quedan deberán moverse también aunque no lo quieran, como una cucharada de azucar que se retira de su recipiente… los granos circundantes se desplazan con el fin de ocupar el espacio, pero siempre queda la muesca, nunca vuelve a ser lo mismo.

Tal vez esa sea la razón por la que nos resistimos al cambio. Las personas se van porque deciden hacerlo y no se las puede retener en un lugar del que ya no se sienten parte. El decir adiós es parte también del progreso, como las gotas de vapor le dicen adiós a su nube para caer sobre nosotros como lluvia; aun así estas gotas vuelvan a evaporarse hacia el cielo… ya nunca serán los mismos grupos, no regarán las mismas ciudades, no volveran a estar juntas de la forma como lo están ahora.

Es parte de la vida dejar ir y dejar entrar. Pero nos cuesta admitirlo. Creemos en el cambio, pero no queremos que alguien se vaya. Somos defensores del progreso, pero queremos retener el día a día a toda costa y consideramos nuestro un equilibrio que no existe más porque hoy ya es otro día y el ayer se lo llevó el tiempo.

No hay mejor testimonio o prueba que las partidas son necesarias que el respirar la alegría del caminante cuando uno empezaba a sentirse triste por su ausencia. Es en ese momento cuanto todo cambia, cuando debemos virar el aura, alinear los chakras y esbozar una sonrisa por todo lo que queda por delante, incluyendo alguna nueva llegada y, de seguro, algunas nuevas partidas.

Mujer marioneta

Querida Camucha,

¿Cómo has estado? Ha pasado ya algún tiempo desde que nos vimos, espero la verdad que no por última vez. Son más cosas buenas que malas las que hemos compartido, por eso mismo creo que aun nos merecemos algún espacio sincero…aunque hoy por hoy ese sentimiento parece haberse rodado y perdido bajo algún mueble de esta habitación de hotel….

¿Te acuerdas de aquellas mañanas compartidas hace 10 años atrás? ¿De como podíamos reirnos de las cosas ordinarias y afrontar los problemas como jugando al “yan-ken-pó”? Fueron tiempos buenos, días de colores. Era primavera para el amor y la amistad, para secretos y aventuras en islas bonitas…

Siempre admiré esa capacidad tuya para ver las cosas por su lado blanco e infantil, para ver las hadas escondidas entre las hojas secas del otoño…. eso siempre ocasionaba la creación de cierto tipo de bromas pesadas por parte de nuestros compañeros, pero siempre defendí tus tiernas particularidades sacadas de alguna tierra lúdica…pensar en ellas era como agregarle un terrón de azúcar al café de la vida cuando ésta se aparecía más negra y más amarga.

¿Qué nos pasó, Camucha? Hasta hace poco nos jalábamos las manos para poder pasar los baches. Nuestra inercia era suficiente para hacernos compañía, para apoyarnos sobre nuestros hombros univitelinos…¡Cuantos secretos nos sabíamos la una de la otra…! Parecía que nuestros relojes siempre coordinaban, no importaba el meridiano, el teléfono siempre sonaba a la hora apropiada…

Un día mutante, noté que el tic-tac de tu reloj sonaba a otro ritmo. A ti te parecía que estaba bien.. por eso empecé a sincronizar el mío. Hice eso muchas veces cuando caminábamos juntas, aunque en el fondo mi querida Camucha, tú sabías que eso no estaba del todo correcto. Te lo dije, no me digas que no lo hice. Las hermanas de alma siempre se dicen las cosas.

 A veces sentía que me alejabas de nuestros amigos, yo siempre pensaba en ti para pasarla bien en los tiempos de juerga, siempre te avisaba….pero a ti “se te olvidaba” y a mi me parecía viable, ok, podía suceder. Ahora me pregunto, ¿cómo podías ser tan despistada? Eso ocurre con conocidos pero no con best-friends… entonces….

¿Fue allí, dime? ¿Fue en ese momento cuando empezaste a coserme imperceptiblemente los hilos en el vestido, en las manos y en los pies?

Las cosas empeoraron en las últimas miles de horas. Sentí que me buscabas por lo que podía darte y no por la compañía. Pero bueno, si puedo ayudarte, por qué no, verdad? Para eso son los amigos…. pensaba yo…. ingenuamente. Pero ese día, luego de conseguir que te hiciera un favor más, ese día que me sentí terriblemente triste por lo que pasaba paralelamente….. preferiste ir por tu rumbo antes de esperar 10 minutos para que yo pudiera acompañarte. Fue curioso, Camucha, porque unos segundos antes le había comentado a Darío que no me sentiría tan sola porque pasaría el día contigo… ¡Qué ironía!…..

Creo que ese día me cansé de todo, me cansé de jalar la cuerda, de poner velos, de crear disculpas. Ese día decidí poner a prueba nuestra historia, decidí cortar los hilos sin que lo notes y demostrarte que mi espacio también es importante.

Ahora ya no quiero llamarte, no quiero hablarte, me he sentido como prestadora de servicios sin paga, como burro de carga a tu lado últimamente. No quiero caminar con alguien que piense que mi presencia es “conveniente”. Nunca me ha gustado alardear de lo poco que he logrado, soy alguien que guarda el perfil bastante bajo con respecto a esas cosas….. Por eso mismo, me gusta mucho menos que me busquen por eso mundano que pueda poseer y que para mi, no tiene ni la vigésima parte del valor de todo lo que hemos vivido juntas. ¡Qué pena amiga mía!

Tal vez pensaste que por haberme abierto la puerta que me permitió llegar a donde estoy te debía mi vida para siempre….y es que me he sentido así, como una deudora eterna de algo que aún no entiendo, ya ni me consultas si puedo o no puedo hacer algo, simplemente “necesitas que lo haga” y punto. (¡¡¡???) No sabes lo agradecida que siempre estaré por aquella ayuda brindada en el momento preciso, Camucha, pero la verdad pensé, así como yo sentí con las cosas que te brindé las semanas pasadas, que lo hacías desinteresadamente, por todo ese cariño acumulado a lo largo de los años…. Tal vez sí lo hiciste por eso en ese momento, pero ahora se te ha retorcido el recuerdo y por un momento (quiero pensar eso) te has convertido en quien no eres…

Eres libre de buscarme cuando quieras Camu. Y si me pides algo más que no podré darte, ya no tengo temor que hagas el berrinche del siglo y me quites el habla temporalmente….igual no conseguirás nada, alguien tenía que enseñarte….. sólo que me duele tener que ser yo la que te muestre que esa no es manera de tratar a nadie y que las cosas no se consiguen porque uno se encapriche. Al mundo no le importan las pataletas ni las excusas. A mi solían importarme tus cosas…. pero estás consiguiendo que me olvide de ellas con cada vaso de agua que tomo en las mañanas…

Dejando de lado esta catarsis, ojalá que la próxima vez que el teléfono suene y seas tú, sea para saber como estoy. Yo siempre querré saber eso de ti, estés bien o mal, tengas algo que contar o no.

Y si no, si todavía las llamadas son por un propósito, entonces mejor cuelga o mándame un mensaje telepático para no contestar el teléfono. Sé que en algún momento, espero no muy lejano, cuando las cosas te vayan mejor de lo que están ahora, todo volverá a la normalidad.

Te deseo mucha suerte y cuidado con los cocodrilos.

Con cariño,

 Sarah

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Las historias se crean bajo cielos rasos, sueños compartidos y mañanas deseados.

🙂

Keep It

Tus secretos son apéndices invisibles en tu piel. Son sólo tuyos y de nadie más. Sólo tú los creas, los pintas, les das cuerpo y alma.
Sólo tú los ves como son y descansas bajo la sombra que proyectan. Están llenos de figuras y paisajes, de personas y personajes. Tienen su propio ruido mudo.

Tus secretos no son míos y no puedo verlos o sentirlos como tú. Yo no puedo oir su barullo, ver su hermosura o sentir repulsión por su fealdad.
Sus cuchicheos no empañan mis ventanas ni me abren puertas oscuras y prohibidas

Si son secretos los que tú tienes y quieres que lo sigan siendo no me los digas. Las verdades y mentiras que estos encierran se guardan de a uno y no de a dos.
Si me los dices serán recuerdos creados por mi mente; al fin y al cabo, vivencias compartidas entre tú y yo.

No me molesto si no me dices tus secretos. Está bien. Yo tengo millones de secretos bajo mis párpados, entre las comisuras de mis labios, bajo el pulpejo de cada uno de mis dedos.
Tienen cerraduras eternas y he perdido las llaves. Los murmullos han sido callados, lo estarán para siempre.

Descuida amor, yo no tengo secretos contigo.

Ninguno de ellos es contigo.

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